Historia de una fotografía: «La lengua de Einstein»

Todos hemos visto la foto alguna vez en la vida y todos hemos fruncido el ceño y pensado en que la famosísima foto en la que Einstein sacaba, mirando directo a la cámara, la lengua era lo que hoy en día se conoce como fake. Sin embargo, la foto es real como la vida misma. No tiene ningún retoque, más allá de un pequeño reencuadre, y la lengua era tan suya como aquel brillante cerebro que hizo de este judío alemán (posteriormente nacionalizado estadounidense) una de las mentes más brillantes de la Historia.

La lengua de Einstein

El motivo por el cual el científico sacó la lengua en dirección al objetivo de Arthur Sasse (pincha aquí para ver todas sus fotografías) dista mucho de tener los tintes cómicos que a la luz del resultado final pudieramos pensar que buscaba. El físico, famoso a nivel mundial por haber formulado la Teoría de la Relatividad, salía de un edificio en el que se le homenajeaba por haber cumplido los 72 años. A las puertas de la sala de la Universidad de Princeton donde se llevaba a cabo la celebración, le esperaba una marea de fotógrafos que no dejaban de disparar sus cámaras y, consecuentemente, sus respectivos flashes. Dada su edad, el científico se cansó pronto de recibir los intensos destellos de luz y les pidió a los reporteros gráficos que dejaran de disparar. Éstos no dejaron de hacerlo y llegó un momento en que hasta tuvo que gritarles un «¡basta ya!». Einstein, como pudo, logró introducirse en su coche, donde le esperaban su mujer y un amigo, pero los fotógrafos le siguieron. En un momento dado, con el ánimo de estropearles la foto, el físico decidió sacarles la lengua. Fue un breve instante que sólo Arthur Sasse logró captar. Lejos de conseguir el efecto deseado, Einstein le dió al fotógrafo la instantánea más famosa de su carrera.

Cuando Einstein, una vez se había relajado gracias al paso de los días, vio la foto en un periódico, quedó encantado con el resultado y le pidió a Sasse nueve copias para su uso personal. Una de ellas fue subastada en el año 2009 y logró alcanzar la nada desdeñable cifra de 74.324 $. En el reverso de la fotografía había una dedicatoria dirigida al periodista Howard K. Smith en la que se leía: «Este gesto te gustará porque va dirigido a toda la humanidad. Un civil puede permitirse hacer lo que ningún diplomático se atrevería. Tu leal y agradecido oyente, A. Einstein».

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